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Imágenes. Palabras. Atrapados entre ambos...
Por eso a algunos les cuesta tanto irse, mudarse de casa, cambiar de entorno. A otros, por el contrario, su lado nómada se lo facilita, pero ni ésos están inmunes a los efectos del regreso. Cuando vuelven se sienten raros, incluso un poco incómodos: reconocen a duras penas el lugar que en su día fue su casa, y tampoco se reconocen a ellos mismos. Tienen que enfrentarse a esa parte de ellos que en su día dejaron atrás, y que al regresar les echa en cara lo mucho que han cambiado.
Por eso a veces nos resulta tan difícil deshacernos de algunas cosas que ya no sirven. Porque también nos dicen a gritos que ahí estamos nosotros. Tirarlas es una especie de pequeño suicidio.
Porque en su caída en desgracia, nos arrastran también a nosotros.
Llevándose una parte nuestra, quizás no la mejor, pero nuestra, a fin de cuentas.
Y eso, siempre duele.
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Etiquetas: Tempestades
Sí, fue él. El de la camisa rosa. Estoy segura, completamente. No, no me despista para nada el hecho de que ahora vaya con la cara lavada, no tengo ninguna duda. El otro día iba igual que los otros, disfrazado de payaso, pero hay cosas que no pueden ocultarse ni siquiera detrás de un dedo de pintura, se lo digo yo... Ese bigote… Me clavó sus púas en el lóbulo de la oreja, mientras me susurraba en el oído que no fuera estúpida y le diera lo que me pidiera. Siento todavía el picor de las cerdas de su bigote, mucho más que el frío del filo del cuchillo, con el que me llegó a cortar al otro lado del cuello… Mire, no tuvo que apretar casi nada, estaba muy afilado. Tuvieron que curarme antes de ir a la comisaría, soy hemofílica, ¿sabe? La verdad es que me importaba poco darle el bolso, las llaves de casa o la cartilla del banco, si me lo hubiese pedido. Creo que incluso hubiese opuesto escasa resistencia si hubiese intentado violarme, fíjese si le digo. Pero el cuchillo sí que me asustó, sé que puedo desangrarme con una facilidad pasmosa, y el tipo parecía disfrutar horrores, susurrándome al oído que me iba a dejar la cara como un mapa, porque quería, porque podía hacerlo…
Debí desmayarme en sus brazos, porque ahí se abre un agujero negro.
No, no me violó, o al menos es lo que me dijeron en el hospital.
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Etiquetas: Ficciones
El secreto de la transparencia no está en impedir que los demás pongan sus dedazos en el cristal. Un vidrio que nadie toca nunca también terminará perdiendo su nitidez con el tiempo, sucio, lleno de polvo y telarañas.
La clave está en que, quien lo toque, lo haga con delicadeza y tenga los dedos limpios…
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Etiquetas: Secretos
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Etiquetas: Caminos